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Cádiz, Andalucía, Spain
"Ab origene one semper fidelis, in perpetuam, semper et ubiquem Gades. Qui poters capere, capiat"

viernes, 16 de junio de 2017

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Artículo de Manuel Llamas Baúza, dedicado a la Custodia de Corpus Christi de Cádiz.
 

La Custodia de Cádiz es una magnífica obra representativa de la custodia procesional española. Al corresponder su traza y realización a distintas épocas, contiene en sí los principales estilos de la platería española.
La custodia se compone de una pequeña pieza de plata dorada, llamada "El Cogollo", realizada en el más puro estilo del gótico final, del primer tercio del siglo XVI, que sirve de viril para colocar la Eucaristía. Esta pieza se apoya en una alta y escalonada peana, correspondiente al estilo manierista, colocándose todo el conjunto en el interior de una gran custodia barroca de tres cuerpos, de la segunda mitad del siglo XVII. El transporte de la custodia durante la procesión, se realiza sobre un carro o paso de plata, de estilo rococó, de mediados del siglo XVIII.
Como vemos, la Custodia de Cádiz comprende los principales estilos desarrollados en España durante algunas de las etapas de esplendor en el arte de platería: gótico, manierismo, barroco y barroco tardío o rococó.
Sobre la Custodia se han venido ocupando los investigadores españoles desde el siglo XVII, época en la que el gaditano Fray Gerónimo de la Concepción nos ofreció su primera descripción, centrándose en la custodia barroca.
La Custodia Gótica
Se desconoce la fecha de su realización, aunque se especula que fue en torno a las primeras décadas del siglo XVI.
La primera noticia de su existencia se halla en las Actas del Cabildo de la Catedral de 16 de enero de 1584, en las que se habla de una restauración:  "...por causa de sacarse cada primero domingo de mes la custodia de plata, le faltan algunos bulticos, de los que tiene y viene a menos. Mandaron que se aderesçe de los que tuviere necesidad, y se guarde y no se saque si no fuere los días de Corpus Christi y en su octavo...." .
Durante el saqueo de 1596, la custodia se salvó al enterrarla en una de las fosas funerarias de la catedral.  Esta pequeña custodia gótica, de 0,62 m de altura, es conocida popularmente como El Cogollo. Ha sido atribuida por algunos autores a Enrique Arfe, mientras que otros han mantenido una opinión contraria.
Estructura arquitectónica.
Tiene planta hexagonal, con dos cuerpos decrecientes que se apoyan en una amplia peana escalonada de tres niveles. En el nivel más bajo, coincidiendo con los ángulos, se levantan unos pequeños chapiteles de base cilíndrica y remate en forma de león sentado. Del segundo nivel arrancan los pilares que forman el primer cuerpo, muy fasciculados y rematados en chapitel crucífero, que alcanzan en altura la mitad del segundo cuerpo.
En cuanto a la ornamentación están cubiertos por tracerías e imágenes sobre ménsulas. Cada uno de los seis pilares lleva tres imágenes de bulto, que representan los doce apóstoles y seis ángeles, colocándose las tres figuras en las caras exteriores de cada pilar. Los arcos que apoyan sobre los pilares son de medio punto. La bóveda de este primer cuerpo es de crucería sexpartita con clave calda, mientras que el suelo del templete se decora con un rosetón de cardinas superpuestas a una estrella.
El segundo cuerpo repite la estructura del primero, sosteniendo los pilares arcos rebajados, en los que se apoyan tracerías caladas. Al igual que en el primer cuerpo, también aquí se desarrollan unos tallos calados con penachos de cardina, que se unen formando un afilado ángulo rematado en chapitel. Estos, junto con los de los pilares, suman doce agujas que alcanzan casi la cima de la cúpula.
La cubierta del templete se compone de una bovedilla calada, que se estructura por aristas de las que brotan penachos de acantos, rematándose en un doble florón de sentido decreciente, colocado entre dos molduras hexagonales acordes con el basamento de la custodia. Sobre esta pieza se apoya otra menor, formada por seis acantos calados, que estaba destinada a sostener el primitivo remate de la custodia, hoy día sustituido por una cruz de oro y amatistas.
En cuanto al contenido de los templetes, el primero lleva el ostensorio, que no es el original, y el segundo está vacío, aunque debió llevar alguna figura.
Iconografía.
No es excesivamente abundante, dado su tamaño, pero cuenta con una serie de figuras emparentada con la obra de Enrique de Arfe. En la Custodia de Cádiz las esculturas de bulto adornan los pilares de los dos cuerpos, repartiéndose en ellos al modo de la gran arquitectura pétrea.
En los seis pilares grandes del primer cuerpo, de planta crucífera, sólo en sus tres lados visibles van esculturas. En todos ellos, la hornacina del centro lleva un ángel músico, que toca un laúd, con una estética ciertamente flamenca, y a los lados, parejas de santos representando a los doce Apóstoles. Éstos llevan sus símbolos propios que los identifican.
En el segundo cuerpo, los pilares sólo llevan una imagen cada uno, representando santos de devoción popular, como Santa Catalina y Santa Bárbara, sin que se olviden los puramente gaditanos, como San Basileo (primer Obispo de Cádiz), San Epitafio (gaditano y obispo de Palencia),  San Servando y San Getulio o Germán, mártires y patronos de Cádiz.  La estética de estas figuras, de carácter más castellano que flamenco, ha sido uno de los motivos para no atribuir la obra a Enrique de Arfe.
Las marcas y la autoría de "El Cogollo".
Existen marcas en la peana, de difícil lectura e interpretación. Según ellas, la obra fue hecha en Córdoba, ya que se aprecia la sílaba "COR" en determinado lugar del basamento.
El resto de las marcas (quizás haya hasta cinco diferentes) presenta una lectura bastante problemática, ya que cuatro de ellas se leen con gran dificultad y la quinta es prácticamente ilegible.
Sin entrar en la lectura de las marcas se puede decir con total seguridad que la custodia se hizo en Córdoba en el primer tercio del siglo XVI, por lo que su autor pudo ser un discípulo de Enrique de Arfe, o bien un seguidor de su más puro estilo gótico, sin descartar al propio autor flamenco.
 
El basamento manierista
El basamento o peana de la custodia gótica, también de plata dorada, es de estilo manierista. Tiene planta hexagonal, al igual que la custodia, y se compone de niveles decrecientes, que se recubren con cartones recortados.
En los ángulos van ángeles niños de bulto redondo. En cada una de las esquinas del nivel inferior, bajo los pies de los ángeles, va una cartela de cartones recortados, cuyo centro está formado por un mascarón de boca abierta, y asimismo, unos rizos laterales, que recuerdan a la ornamentación maya. En la parte central de cada lado del basamento aparece un escudo oval, dentro de una cartela, donde se dibuja una cruz flordelisada, que emerge de las aguas. Una cabeza alada ocupa la parte inferior del óvalo.
La peana de la custodia gótica.
Los primeros datos que tenemos sobre la construcción de esta peana datan de 1620 y nos las proporciona una decisión del cabildo de la ciudad por la que acordó construir a sus expensas "unas gradas o peana de plata en que fuese con más suntuosidad y mejor vista el "Cogollo"".
Aunque con los datos anteriores podemos presuponer que la peana se realizó en dicha fecha, el autor de la custodia barroca Antonio Suárez, realizó en 1670 un proyecto de peana o urna que sostuviera el Cogollo, pero que no se llevó a cabo el mismo. Viendo el estilo de la pieza, parece más probable la primera teoría, aunque no se descarta que al realizar Alejandro de Saavedra el diseño de la custodia barroca, Antonio Suárez pudiera realizar el basamento con posterioridad.
Quizás la clave se encuentre en este documento del Cabildo del Ayuntamiento de Cádiz fechado en 1670 y que dice así:  "...a la custodia que la dicha Santa Iglesia tiene [...] le faltó para su perfección y complemento una urna en que fuese la custodia pequeña donde se coloca el Santísimo Sacramento, cuya obra no pudo del todo quedar acabada por falta de medios [...] y porque ahora parece oportunidad para ello [...] para cuyo efecto esibo este dibujo que Antonio Suárez, maestro platero, a echo...".
En 1721, el platero Pablo de Ocaña aderezó la custodia gótica y su peana, pero no parece que interviniera esencialmente en ninguna de dichas piezas. Podemos hallar la marca "OCAÑA" varias veces en la parte superior de la peana.

En cualquier caso, la obra es un trabajo claramente manierista, que se corresponde estructuralmente con la fecha de 1620. Seguramente la actuación de Suárez, en 1670 se limitó a añadir los mascarones de tipo colonial y a aumentar el número de elementos decorativos.
La Custodia Barroca
Aportaciones documentales
La primera noticia que tenemos nos relata los motivos que inclinaron a los dos cabildos (secular y eclesiástico) a realizarla, entre los que destaca el pequeño tamaño de la custodia gótica, así como la necesidad de resaltar la festividad tanto a los ojos de los católicos como de los herejes. Así, Fray Gerónimo de la Concepción nos dice:  "...pareciéndole que la ostentación de aquel acto pedía de justiçia, más majestuoso y superior Relicario, y más a los ojos de tantas Naciones inficionadas de la heregía Sacramentaria, como concurren en aquel Emporio del Orbe...".
Según el citado autor, la custodia se empezó en 1648 y se terminó seis años después, inspirándose en la torre del ayuntamiento de nuestra ciudad.
Otro historiador, ya de nuestro siglo, Hipólito Sancho de Sopranis, le dedicó un amplio estudio basado fundamentalmente en la documentación y en el análisis de la iconografía.
La estructura arquitectónica
La custodia que contemplamos hoy día mide 3,38 m, sin el carro (4,95 m con él), por lo que resulta el conjunto procesional de plata de mayor tamaño en España. La custodia, propiamente dicha, se compone de tres cuerpos con linternas y remate escultórico, y supone una transición entre las custodias renacentistas y las barrocas. El artífice ha querido combinar elementos arquitectónicos procedentes del Manierismo con otros ya puramente barrocos, aunque las estructuras básicas son, como en todas las custodias posteriores, de origen renacentista.
Se inicia la custodia, por su parte inferior, con una peana de planta cuadrada con ángulos cortados en dos niveles, por lo que resulta un octógono con complicaciones mixtilíneas entre los cuatro lados mayores y los cuatro menores. Su diámetro máximo es de 1,55 m y el menor de 1,23 m, siendo su altura de 7,5 cm. Su autor fue Bernardo Cientolini, de origen romano, que añadió esta pieza entre 1692 y 1693, es decir, casi treinta años después de concluirse la custodia, con la intención de elevar la altura.
El primer cuerpo, que se apoya sobre la peana, tiene 1,38 m de altura, conteniendo en sí una segunda base aparentemente cuadrada, aunque con los ensanchamientos de los ángulos resulta octogonal, con cuatro lados grandes y cuatro pequeños. Sobre este basamento (el primitivo de la custodia barroca) se levantan ocho pilares que, agrupados de dos en dos, sostienen la cubierta cupuliforme. cada dos de estos soportes, colocados en los ángulos del cuadrado de la base, apoyan un arco de medio punto, sobre el que corre un dintel y un cuerpo trapezoidal con ventana cuadrada de balaustres, sobre el que apoya directamente la cúpula. El capitel se decora con una especie de frutos alargados pendientes de cintas, que cuelgan de unas estilizadas volutas.
Estructuralmente, lo que más llama la atención es la colocación de cuatro enormes columnas, que habría que llamar gigantes, en los ángulos externos del cuadrado de base, del doble de altura de los pilares, que sostienen el basamento del segundo cuerpo.
El segundo cuerpo, de 1,13 m de altura, tiene planta circular sobre la que se apoyan ocho pilares, que sostienen los correspondientes arcos. Delante de cada uno de los pilares se coloca una columna, de mayor altura, que soporta la cornisa superior del correspondiente dintel y que oculta prácticamente el pilar.
El basamento de este cuerpo presenta una cierta problemática, no resuelta todavía, ya que las ocho columnas no se adaptan de una manera racional a la superficie circular de la base, de tal manera que el plinto sobre el que se apoyan sobresale de la circunferencia exterior, lo cual ni siquiera es pensable en una mentalidad barroca. Tampoco la ornamentación concuerda. Esto hace pensar que fue añadida o reformada posteriormente. En 1692 Bernardo Cientolini realizó algunas reformas en la custodia, entre las que parece que actuó en el segundo cuerpo girándolo y, quizás, aunque no se mencione en la documentación, reformase el basamento de este segundo cuerpo.
 
El tercer cuerpo tiene 87,5 cm de altura, y está formado por ocho pilares rectangulares decorados en su exterior por una hilera de acantos.
La cúpula es de media naranja y lleva falsas aristas en forma de estípites, dividiéndose el trasdós en los correspondientes paños. La linterna se forma por pilares acabados en voluta en su parte baja, y tiene aspecto más clasicista, cubriéndose con una cupulilla manierista también aristada, cuyas costillas acaban en volutas. Su vértice sostiene la esfera con la imagen de la Fe.
Iconografía y ornamentación
Para la descripción de la custodia original, teniendo en cuenta las transformaciones que ha sufrido con el paso de los años, vamos a tener en cuenta la obra de Fray Gerónimo de la Concepción, "Emporio del orbe", en la que la descripción va acompañada de una ilustración, que la presenta tal y como se terminó. A la vista de ella, hay que decir que los cambios no han sido excesivos, limitándose a colocar un nuevo basamento bajo el original, una esfera bajo la figura de la Fe y a quitar cuatro ángeles en el remate del segundo cuerpo, además de los retoques decorativos que se han ido haciendo sobre cada una de las partes, según se ha creído que era necesario.
Primer cuerpo:
En la custodia actual, las escenas con mayor número de figuras corresponden al primer cuerpo, localizadas principalmente en los lados mayores del basamento original, o frentes principales de la custodia. En ellos se representan las siguientes escenas:
1. El paso del Mar Rojo.
2. La adoración del Cordero con el Tetramorfos.
3. Melquisedec ofrece pan a unos guerreros.
4. La Última Cena.
Las dos últimas escenas parecen ser de una época posterior y realizadas por otro orfebre, puesto que tienen menos personajes que las dos primeras y son de mayor tamaño.

Los lados menores corresponden a los frentes de las potentes columnas exteriores, y en ellos van los Evangelistas. En los cantos, que son 24, sólo ocho llevan relieves humanos y los demás temas vegetales. Los relieves iconográficos son los siguientes:

1. El Maná.
2. El trasporte del racimo por Caleb y Roboam.
3. Adán y Eva.
4. El sacrificio de Isaac.
5. Sansón que lucha con un león (¿Hércules o Herakles?)
6. El pelícano.
7. Cristo crucificado, fuente de la vida, dentro de una fuente.
8. Sacerdote con el cáliz con la hostia, y una espada que le sale de la boca.
Bajo este basamento inicial, que remata en su parte inferior en un pequeño friso de acantos, se coloca una extensión del mismo en forma de toro, que podría haber sido reformado para adaptarse como moldura de unión a la segunda peana que se puso en la reforma de 1693 por Bernardo Cientolini.
Los lados grandes de este espacio llevan en el centro:

1. Adoración de la Cruz.
2. Cáliz en el óvalo.
3. Tema profano ornamental.
4. Tema profano ornamental.
Y en los lados pequeños:
1. Tres ángeles músicos.
2. Tres ángeles músicos.
3. Tres ángeles músicos.
4. Mesa de altar con las ofrendas.

El suelo de este cuerpo tiene un cincelado y repujado muy plano, compuesto por óvalos y ces vegetalizadas y, en los ángulos, un tallo con flora distinta, en cada uno de ellos (tulipán, flor de patata, clavel y rosa).
La cubierta cupular de este primer cuerpo presenta un intradós dividido en ocho paños, cuyos relieves son tanto de contenido devocional como eucarísticos. Los paños mayores llevan:
1. La Anunciación.
2. Ángeles músicos, con filacterias del Pange lingua.
3. La Adoración de los pastores.
4. Ángeles músicos, sin filacterias.
En los lados menores van jarras con ramos de flores (claveles, margaritas, rosas), flanqueadas por ángeles. En el interior de la cúpula, sobre los lados menores, entre las impostas se abren ventanas cuadradas con balaustres, decorándose todos estos espacios interiores con ángeles músicos y vegetación barroca.
En cuanto a las figuras de bulto de este primer cuerpo hay que decir que no son muy abundantes, pues se reducen a la paloma del Espíritu Santo, que cuelga de la clave, y los cuatro Padres de la Iglesia: San Agustín, San Jerónimo, San Gregorio y San Ambrosio, todos con mitra, báculo y libro, salvo San Gregorio que lleva tiara papal.
El resto de las figuras de bulto están constituido por los ángeles que se reparten por los tres cuerpos y que debieron sostener distintos instrumentos que hoy se han perdido en su mayoría.
Segundo cuerpo:
Lleva una rica ornamentación vegetal que lo cubre casi completamente, compuesta en su mayor parte por acantos y guirnaldas de frutas, a los que hay que añadir la ornamentación helicoidal de parras con racimos que cubren las columnas. La peana lleva galloncillos en el perfil recto, guirnalda de laurel en el toro pequeño, y tallos vegetales lisos sobre fondo rayado con entrelazo en el toro grande.
La ornamentación de la cúpula es igualmente rica, y sus motivos se relacionan claramente con los del resto del templete, aunque aquí se desarrollan más los elementos florales. El intradós se divide en paños, ocupado cada uno por jarras de flores de dos tipos alternadas: una gallonada y otra más panzuda y con vegetalizaciones en la parte inferior. En este espacio interior de la cúpula corre un friso decorado con guirnalda de frutas, que se alterna con cabezas de ángeles, y en las impostas, uvas y espigas. Los paños exteriores van decorados con guirnaldas de flores barrocas del mismo tipo que las de las jarras.
En lo que se refiere a la iconografía se reduce a la gran figura del Resucitado, que ocupa el espacio interior, y a los relieves y esculturas angélicas. El Resucitado, de 0,54 m de altura, es de fundición y se presenta con la cruz en la mano y un manto dorado añadido posteriormente. De mucho menor tamaño son los ocho ángeles sentados en los salientes del friso, que coinciden con la parte superior de las columnas, que han perdido las alas, y llevan un plato oferente, en los que iría algo que ha desaparecido con el tiempo. En el frente de los arcos también aparecen ángeles en relieve, adultos, de cuerpo entero y en actitud de adoración. En el grabado de la obra de Fray Gerónimo aparecen cuatro ángeles adultos de mayor tamaño, que llevaban ramos de flores en sus manos. Se ignora en qué momento desaparecieron.
Ornamentación relativamente sobria en los pilares, que presentan acantos en el exterior y guirnaldas vegetales en el interior. La cúpula va ricamente decorada con temas vegetales que difieren del resto de la custodia. Se componen de flores tales como tulipanes, margaritas y otros tipos de flores que nada tienen que ver con la ornamentación barroca española. Esto puede indicar que se añadieron en una época posterior. Unos estípites adosados y decorados con acantos dividen la superficie cupular en ocho paños. La decoración del intradós es completamente diferente y parece corresponder al barroco final.
Las imágenes de bulto que contiene este cuerpo son ocho ángeles niños, de pie, con los brazos extendidos, que probablemente sostendrían guirnaldas, y la figura de La Fe en el remate. Éste se forma por una linterna cilíndrica con cubierta cupular, sobre la que apoyan dos molduras, jarra y esfera, que sirven de basamento a la Fe. Ésta lleva ropa bordada sobre alba lisa, corona (añadida posteriormente), ojos tapados y, en las manos, el cáliz con la hostia y la cruz.
La autoría
En 1996, aunque ya era sobradamente conocido por la documentación existente, apareció en el interior de uno de los frisos de la base del primer cuerpo la siguiente inscripción: ANTº SVARES ME FESI ANO DE 1664.
Al parecer, Antonio Suárez hizo la realización práctica del proyecto de Alejandro de Saavedra, como se deduce de la siguiente cita:  "...acabada sea de todo punto la dha. Custodia y obra que a de llevar Segun la dha. planta de madera fha por mano de Alexandro de Saabedra, maestro escultor vezino desta ciud. le pagaremos y pagara al dho Anttº Suarez o a quien su causa ubiere...".
Con respecto a la restauración de finales del siglo XVII hecha por Cientolini, cabe decir que la transformación fue inicialmente contratada para la reforma del segundo cuerpo. A este respecto, Cientolini presentó un nuevo proyecto que quedó registrado en las Actas Capitulares del Ayuntamiento en 1692. A pesar de esto se le ha asignado a Cientolini el principal papel en la custodia, llegando incluso a atribuírsela por completo, debido quizá a su mención en los documentos y a su firma al pie del proyecto de reforma. Quizás la atribución errónea a Cientolini se debe a la siguientes inscripción, que él mismo puso en el basamento añadido a la custodia, que dice así:
REINANDO EL MUY CATHOLICO MONARCHA DON CARLOS SEGUNDO Y GOVERNANDO ESTA CIUDAD EL EXCELENTISIMO SEÑOR DON FRANCISCO FERNANDEZ DE VELASCO, CAVALLERO DEL ORDEN DE SANTIAGO, DEL CONSEJO DE GUERRA DE SU MAGESTAD I MAESTRE DE CAMPO GENTIL DE LAS COSTAS DE ANDALUCIA, ACORDO, ACORDO ESTA DUCHA MUY NOBLE Y MUY LEAL CIUDAD DE CADIZ QUE DE ESTA PRECIOSA CUSTODIA QUE CON TANTO COSTO Y ZELO LABRO A SUS ESPENSAS Y ENTREGO A LA SANTA IGLESIA CATEDRAL EL DIA DE LA PASQUA QUE SALIESE NUESTRO SEÑOR SACRAMENTADO LOS DIAS DEL CORPUS, SE ENMENDASEN LOS DEFECTOS DE SU FABRICA COMETIENDO ESTA OBRA A LOS SEÑORES DON YGNACIO DE HENESTROSSA Y HINOJOSSA Y DON NICOLAS NORBERTO CASER, REGIDORES PERPETUOS Y DIPUTADOS DE ESTA FESTIVIDAD, EL AÑO DE 1692 Y ESTE DE 1693.
El carro o paso
La ciudad de Cádiz quiso enriquecer aún más la custodia colocándola sobre unas andas o carro cuyos faldones se hicieron de plata labrada y calada. Esta fue la última actuación de importancia que completó el conjunto de la custodia, realizada 76 años después de la terminación del trabajo de Antonio Suárez.
Para su realización se pidieron unos planos previos, que se conservan, como los de la reforma de la custodia, en el Archivo Municipal de Cádiz. Aunque no están firmados, deben ser del autor de las andas, ya que las variantes entre la obra y el proyecto son mínimas. Hay dos planos, ambos hechos a tinta: uno coloreado a la acuarela y otro sin colorear.
El dibujo coloreado se ajusta exactamente a la disposición que tendrá cada una de las caídas del carro: tres espacios verticales separados por estípites, que contienen en su interior una abundante decoración tardo-barroca. En el centro de cada uno de los espacios va un medallón de perfil ondulado, con la representación de distintos elementos procedentes del Antiguo Testamento, como Roboam y Caleb trasportando las uvas, Tobías y el ángel, ofrendas sobre el altar, y el Arca de la Alianza. En el centro, como emblema de la ciudad, aparece Hércules entre dos leones.
En el proyecto sin colorear vemos como se repite la figura de Hércules. En otros dos medallones vemos las columnas con el Non plus ultra y el Cordero sobre el libro, yendo en este último la fecha de 1740.
La realización del carro. El cambio ornamental
La pieza, que se halla todavía dentro del estilo barroco, aunque ya en un período final, muestra una decoración muy abultada, con multitud de elementos vegetales, diferentes a los más clásicos utilizados en la custodia, elementos que están muy cercanos al rococó.

Cada una de las cuatro caídas se dividen en tres registros de disposición vertical, separados por pilastras en forma de estípites. Cada uno de los espacios va cubierto con la decoración vegetal rococó, que enmarca una cartela oval en el espacio central. En la parte superior, una ventana rectangular de perfil mixtilíneo, cubierta con una reja de trazado crucífero, permite la ventilación del conductor del carro.

La iconografía de las cartelas está relacionada con la fiesta eucarística y con la ciudad de Cádiz. En el frente, en las cartelas laterales, aparecen los patronos de la ciudad San Servando y San Germán, y en el centro el Cordero sobre el libro, y bajo él una leyenda que dice:

ECCE AGNUS DEL AVIENDO EL AÑO DE 1664 DEDICADO A LA DIVINA MAGESTAD SACRAMENTADA ESTA CUSTODIA LA EXCELENTÍSIMA CIUDAD DE CÁDIZ, MANDÓ HACER TAMBIÉN DESPUES ESTAS CAÍDAS PARA ADORNO DE SU CARRO, REYNANDO EN ESPAÑA FELIP V, SIENDO GOVERNADOR EL EXCELENTÍSIMO SEÑOR DON BARTOLOMÉ LADRÓN DE GUEVARA, Y DIPUTADOS LOS MUY ILUSTRES SEÑORES DON PEDRO COLARTE DE MAYO, DEL ORDEN DE SANTIAGO, Y DON MIGUEL GONZÁLEZ DEL CAMINO, HIZO LAS CAÍDAS EL ARTÍFICE JUAN PASTOR, EN 85 DÍAS DEL AÑO 1740.
Las cartelas de la parte trasera contienen: el trasporte del racimo entre Caleb y Roboam, La Cena y la mesa de ofrendas. Bajo la cartela central, la de la Cena, va la siguiente inscripción:
SAPIENTIA EDIFICAVIT SIBI DOMUM
MISCUIT VINUM ET PROFUIT MENSAM
QUOD NON CAPIS QUOD NON VIDES,
ANIMOSA SIRVAT FIDES.
En las cartelas de las caídas laterales se representan: Hércules con los leones, en los espacios extremos, y en el central el Sacrificio de Isaac. En el otro lateral: Tobías y el ángel, en el centro, y en los extremos se repite el tema de Hércules.
La datación y autoría del carro no ofrece la menor duda, pues la inscripción de la caída frontal nos da los promotores encargados de su realización, la fecha y el autor.
Integración de los diferentes estilos
La Custodia de la Catedral de Cádiz es un resumen de los principales estilos españoles en el arte de labrar la playa. Esta diversidad de estilos es una muestra del interés continuo de la ciudad por el embellecimiento del marco eucarístico, que desde el siglo XVI hasta el XVIII no ha dejado de intentar mejorar el trono de Cristo, en el que se mostraba el día de su fiesta principal, la del Corpus Christi.
Este afán de emulación en la glorificación de la Eucaristía llevó a los gaditanos a hacer un maravilloso edificio gótico de delicadas tracerías. Casi un siglo después intentaron realzarlo con un basamento y, no contentos con el efecto conseguido, cincuenta años más tarde emprendieron la obra de la gran custodia barroca para meter dentro la custodia gótica, y acabaron el basamento. Lógicamente con esta última intervención la obra de la custodia parecía estar terminada, pero, sin embargo, todavía quisieron superar a otras ciudades que poseían custodias importantes, como Córdoba, Sevilla o Toledo, haciendo lo que estas no tenían: un carro o paso de plata, de manera que todo lo que rodease a la Eucaristía fuese puro brillo. Todo ello fue posible debido tanto al interés del Cabildo Catedralicio como al del Cabildo Secular, enriquecido por el gran Siglo de Oro gaditano.
Lo más interesante es resaltar de qué manera se asimilaron o se superpusieron unos estilos a otros, grabándose el conjunto de tal forma en la memoria popular que nunca consideró a la custodia como una superposición de estilos, sino como una obra única con un único contenido, y con una única intencionalidad: venerar y mostrar el cuerpo de Cristo.
 
Bibliografía
- María Jesús Sanz: La Custodia de la Catedral de Cádiz. Chiclana de la Frontera (Cádiz). 2000.
- Lorenzo Alonso de la Sierra Fernández: Alejandro de Saavedra y Antonio Suárez, autores de la Custodia del Corpus de la Catedral de Cádiz. Revista Atrio. 1996.
- Hipólito Sancho de Sopranis: La Custodia del Corpus de la Catedral de Cádiz. Archivo Hispalense. Sevilla. 1961.
- Fray Gerónimo de la Concepción: Emporio de el Orbe. Cádiz Ilustrada, investigación de sus antiguas grandezas, discurrida en concurso del general imperio de España. Ámsterdam. 1690.
 
 
 
 
 

  




 


 

viernes, 19 de mayo de 2017

Torcuato Cayón. Arquitecto gaditano.

Torcuato Cayón nació en Cádiz, el domingo 18 de noviembre de 1725, hijo de José Cayón de la Vega y Juana Ruíz. Estudió latín con los dominicos en Cádiz, fue repudiado por sus padres al casarse con María Santamán contra la voluntad de estos y no haber seguido la carrera eclesiástica a la que se le había destinado.

Se dedicó a aprender arquitectura, fue discípulo de Vicente Acero y de su tío Gaspar Cayón, con 26 años es nombrado aparejador de las obras de la nueva Catedral de Cádiz para auxiliar a su tío, que era el Maestro Mayor de dicha construcción.

En 1757 releva a su tío como Maestro Mayor de la Catedral de Cádiz, diseñando la fábrica del templo, corrigiendo defectos de planes más antiguos y continuándola hasta que Fray Domingo de Silos Moreno siguió su obra hasta concluirla, dichos planos. En la Contaduría del Cabildo se conservan los planos originales con las torres de cuatro cuerpos y remate bulboso, con las que quería reducir la altura de las primitivas. Reformó el coro a los pies de la iglesia, diseñó el Altar Mayor en forma de tabernáculo, etc.

Ganó por oposición una plaza de académico de mérito de la Real de San Fernando en la clase de arquitectura en 1763. En 1767 es nombrado arquitecto mayor de la ciudad.

Intervino en la ejecución de las Puertas de Tierra, concluidas en 1755 y levantó la Puerta del Mar bajo diseño de Vicente Acero.

También es obra de Torcuato Cayón el Hospicio Provincial de Cádiz (1763), cuya fachada del primer patio es noble y majestuosa, decorada en mármol con columnas es estilo dórico. Hizo la capilla del Sagrario de la Catedral Vieja.  Además, es suya el diseño y erección del desaparecido Teatro Principal y el proyecto para un matadero, que figura firmado por él en el Archivo Municipal de Cádiz.

En 1781 y 1782 trabaja a fondo en Cádiz, realiza la iglesia de San José, la de San Pablo y hace reformas y amplía la Iglesia de la Santa Cueva y la del Rosario, creó la escuela de Nobles Artes, con el apoyo de Alejandro O'Reilly  en su propia casa, donde impartía clases de dibujo además de sus  conocimientos en matemáticas, maquinaria de la época, música, astronomía y literatura, componiendo versos tanto en latín como en castellano.
 
También hace trabajos fuera de la ciudad de Cádiz tales como la iglesia de San José de Puerto Real, la de San Juan Bautista de Chiclana y la capilla de Santa Ana.  En 1776 trabaja en la Iglesia del Sagrario de Sevilla, así como los diseños y primeras obras del ayuntamiento de la localidad vecina de San Fernando en 1778, que continuó su discípulo Torcuato Benjumeda.

Murió en San Fernando el sábado 11 de enero de 1783.


 

viernes, 21 de abril de 2017

El transporte interior en Cádiz en el siglo XVIII

Cádiz, una ciudad dentro una muralla pero abierta por medio de su puerto a todos los países del mundo. Tiene una doble vertiente, por un lado el comercio y el transporte, por otro sus calles estrechas y el gusto por los paseos.

Además de la ciudad interior, el término municipal con el que contaba la ciudad, llegaba por tierra hasta la Isla de León y por mar hasta Sancti Petri.  Los viajeros que deseaban llegar a Cádiz disponían de diligencias y carruajes para el transporte por tierra y de diferentes tipos de embarcaciones si lo hacían por el mar, aunque la mayoría preferían el viaje marítimo al terrestre.

Ya en el Cádiz interior y a diferencia de otras ciudades, no abundan carruajes para las personas ni carros para las mercancías. Esto se deduce de las denuncias y las peticiones en las actas del cabildo en favor de que las calles principales se cierren al tráfico.

Para cuidado de sus calles, piden que los carros limiten su peso y forren las ruedas con tela o cuero para aminorar el ruido, ya que muchas de las calles se encontraban pavimentadas con los bolos, o piedras de forma esférica, que los barcos traían como lastre de sus rutas de las Américas, además, se colocan barras metálicas verticales en las fachadas y guardacantones en las esquinas que protegen las paredes y zócalos de los ejes de las ruedas, así como cañones en todas las esquinas para salvaguardar las fachadas de los giros de los carruajes.
  
En 1771, se limita el peso que se podía cargar en los carros y se rebaja de 60-80 arrobas que era lo usual, a 25-30 arrobas para no dañar el pavimento.


En cuanto al traslado de personas dentro de la ciudad, los habitantes preferían el paseo y aquellos más distinguidos, se trasladaban en sillas de mano, con vago recuerdo al mundo oriental. Éstas fueron llamadas "palanquines" y se podía describir como una especie de andas, con cabina o sin ella, pudiendo ser transportadas por dos o cuatro mozos y constituyeron una institución en Cádiz, tanto por los servicios que organizaban dentro de la ciudad como por su organización.

Si los palanquines usaban caballos, los mozos eran llamados aljameles o mandaderos y se encargaban de dominar a los animales de carga y con el tiempo fueron muchos mas, ya que estos, de forma voluntaria formaron milicias para la defensa de la ciudad.

En el cabildo de 3 de febrero de 1766, se intentó cerrar al tráfico las calles principales y que sólo circularan sillas de mano llevadas por aljameles, pero no prosperó.



También había traslados a caballo y en el cabildo de 20 de noviembre de 1770 nos encontramos con referencias para alquilar berlinas y caballos.

En esta época, sólo había aproximadamente una veintena de señores que poseían carruajes, la mayoría tirados por mulas.

Se puede destacar uno de esos carruajes, el perteneciente al marqués de Casa Enrile, cuyos tiros de riendas eran mucho más largos que los demás, de ahí decir "ir de tiros largos" ya que esta familia cada vez que usaba dicho carruaje siempre iban de etiqueta.



Muchos de estos bolos, guardacantones, cañones y barras protectoras de zócalos, siguen estando presente en las calles de Cádiz, afortunadamente.

jueves, 9 de marzo de 2017

Mis fotos antiguas de Cádiz

Una fotografía antigua de Cádiz, probablemente de la década de los cincuenta del pasado siglo XX.

Dimensión original 960 x 1044.

 


jueves, 2 de febrero de 2017

El Teatro Andalucía de Cádiz.


El teatro Andalucía de Cádiz se inauguró el sábado 15 de abril de 1949 a las 22,30 horas, en el que se celebraba el Sábado de Gloria litúrgico.  Asistieron al acto el gobernador civil de la provincia, Carlos María Rodríguez de Valcárcel y el alcalde de la ciudad José León de Carranza. Ese día, se representaron dos zarzuelas por la compañía de Luís Calvo la primera fue "La alsaciana" del maestro José Ramón Martín e interpretada en sus papeles principales por María Rosa Pares y José Baño.


Seguidamente se interpretó "La Dogoresa" escrita por Juan Gual y música de Rafael Millán. Curiosamente, el arquitecto del edificio, Antonio Sánchez Esteve, se encontraba enfermo y postrado en cama el día de la inauguración.

La recaudación de la taquilla de esa noche fue destinada íntegramente a la bolsa de caridad de la ciudad, igualmente los empleados cedieron el sueldo de ese día a la misma causa.  La entrada más cara era de 25 pesetas (0,15€).

La ceremonia de colocación de la primera piedra fué el día 1 de febrero de 1947 y el proyecto fué realizado, como ya refiero más arriba, por el arquitecto municipal Antonio Sánchez Esteve, se componía de cinco plantas totales e incluían diez viviendas además del cine-teatro que tenía un aforo de 1252 localidades repartidas en 750 butacas mas 500 sillones y delanteras de sillones, con la particularidad, probablemente como caso único, de que para el acceso a los dos pisos superiores no es necesario las escaleras, ya que el arquitecto aprovechó de forma inteligente las rasantes de las calles en que se encuentran las diferentes puertas de entrada y salida.  Todo el edificio estaba climatizado con aire acondicionado, la propiedad pertenecía a la empresa "Inmobiliaria gaditana".

 Aparte del gran escenario para obras teatrales, también se concibió como cine, y se estrenó con la más avanzada tecnología de la época, con un proyector de linterna de alta intensidad, especial para las películas a color y una pantalla de plástico fosforescente "que da una impresión de relieve" según rezaba la prensa de la época.

Las primeras actuaciones contratadas fueron con las compañías teatrales de Moreno Torroba, la de los "Ases líricos" y la de Bassó Navarro.  Como película, se proyectó "Scherezade" protagonizada por Yvonne de Carlo y Brian Donley.

Durante toda su existencia, el Teatro Andalucía acogió espectáculos de todo tipo: comedias, zarzuelas, revistas, espectáculos flamencos, actuaciones de los cantantes del momento, pregones, mítines políticos en los años de la transición democrática, etc.  También fue sede, junto con el Gran Teatro Falla, del Festival de cine del Atlántico "Alcances", incluso alojó en el año 1987 el concurso de agrupaciones carnavalescas debido a las obras de remodelación del Gran Teatro Falla. 
 

La última sesión de cine fue el 10 de enero de 1994, con la proyección de "Todos a la cárcel" de Luís García Berlanga, ese mismo año fue demolido a raíz de un convenio urbanístico entre la propiedad y el ayuntamiento, el último legado del Teatro Andalucía fue la factoría romana de salazones que se descubrió en sus cimientos tras su derribo.







miércoles, 28 de diciembre de 2016

La incorporación de Cádiz a la corona de Castilla.

Cuando Alfonso X el Sabio accede a la corona de Castilla en 1253, marca como uno de sus objetivos el hacerse con el máximo control de las tierras conquistadas por los musulmanes, en aquellas fechas la ciudad de Cádiz era un amasijo de escombros y ruinas totalmente abandonada, pero que el rey consideraba estratégica y en la que proyectaba un puerto atlántico que sirviera de apoyo no sólo para expulsar a los árabes si no también para comenzar la conquista de África, así comenzó la refundación de Cádiz.

La ciudad se convirtió en uno de los preferentes empeños de Alfonso X, para ello preparó una flota armada al mando de Martínez de Fée, navegando la expedición a través del río Guadalquivir, cayó de improviso sobre la ciudad apoderándose de ella, después de permanecer en Cádiz cuatro días, volvieron a Sevilla por la misma ruta al no tener demasiadas fuerzas para contener las arremetidas de los musulmanes de la zona.   

Se repitieron los conatos hasta que en septiembre de 1262 logró conquistarla de manera definitiva, comenzó a reedificarla, construyendo una iglesia en el lugar de la antigua mezquita, la fortificó empezando por la entrada terrestre, aunque aprovechó las antiguas fortalezas romanas, visigodas o musulmanas para edificar un castillo, construyó embarcaderos y atalayas para vigilancia y señales, todo ello puede localizarse sin ningún error en el barrio de El Pópulo.

En ese mismo año, solicitó y obtuvo del Papa Urbano IV la licencia para erigir la iglesia de Cádiz en catedral, trasladando la sede episcopal desde Medina Sidonia, con la advocación de 'Santa Cruz' ya que se concedió el 14 de septiembre, siendo su primer obispo fray Juan Martínez y Ruy Díaz su primer dean.  

Asignó el escudo de una cruz sobre las olas del mar, y expresó su anhelo de tener su sepultura en el templo mayor gaditano, esta deseo nunca se cumplió. Concedió a la ciudad la bandera con los colores de Castilla, que tiene en la actualidad, su escudo con Hércules y los dos leones y la leyenda "Hércules fundator gadium dominatorque", aunque no deja de ser curiosa la licencia a la mitología en tiempos en los que la religión era el centro de todo, aunque este semidios es referido por el propio rey en sus 'Crónicas generales', en unos relatos lo identifica como la misma isla “después Gades la isla de Hércules, que se llama, con otro nombre, Cádiz”


En dos años, la ciudad estaba preparada para acoger a los primeras personas que Alfonso X envió para habitarla, se componían de trescientos colonos de los cuales cien eran hidalgos, al frente de esos pobladores venía el noble Guillén de Berja, todos ellos fueron recompensados con tierras en el interior como agradecimiento por participar en la ocupación de Cádiz.   Decretó la libertad de comercio sin el pago de ningún derecho, la facultad a personas de fuera de la ciudad para introducir sus mercaderías en Cádiz pagando un tercio menos de los derechos que se pagaban en el resto del reino, una feria de un mes y la preferencia a los clérigos de la ciudad para las prebendas de la iglesia local.

En 1264 decretó la expulsión de los musulmanes gaditanos tras una rebelión de estos al poder castellano, para suplir esta bajada de población, llegó a Cádiz un segundo grupo de pobladores, la mayoría cántabros, aunque también llegaron franceses, italianos, portugueses y de otras ciudades españolas en menor número. Un año después dio a Cádiz el título de ciudad dotándola de alcalde, alguacil mayor y seis regidores.

La ciudad recibió tierras y posesiones en el resto de la bahía: La Puente (San Fernando), Rahayana (Puerto Real) y Alcanatif (Renombrada por Alfonso X como El Puerto de Santa María) quedaron vinculadas a la ciudad y en la lejanía para aquellos tiempos, lugares como Rota, Regla y Las siete torres (Sanlúcar de Barrameda).

A partir de entonces, Alfonso X desvía su intención y su anhelo se centra en coronarse emperador del Sacro Imperio en Europa, por lo que el empuje que mantenía los proyectos sobre Cádiz comenzaron a menguar, la ciudad, atiborrada de privilegios, no estaba preparada para seguir su curso sin el apoyo del rey.   De ello se dan cuenta las tropas meriníes del norte de África, aliadas del reino de Granada, por lo que lanzan sus primeras escaramuzas en las que conquistan Ronda, Tarifa y Algeciras.

Las tropas cristianas se repliegan hasta Jerez al mando del infante don Fernando, donde consiguen frenar la conquista de los meriníes africanos aunque no pueden evitar numerosos encuentros bélicos en toda la provincia.

Cádiz queda bajo la corona de Castilla y los pueblos aledaños colocan "...de la frontera" (Jerez, Conil, Chiclana, Vejer, etc.) en su nombre como indicativo de ella frente a los musulmanes mientras Cádiz orienta hacia el comercio y el mar su historia decidida a luchar por sí misma para su supervivencia.

En 1284 muere Alfonso X, sin que se lleve a cabo su deseo de ser enterrado en Cádiz.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Mis articulistas preferidos: Antonio de la Cruz

Todo un privilegio y un honor poder publicar el artículo de Antonio de la Cruz, cedido gentilmente por su autor a este blog y que ha obtenido el primer premio de la revista "Hades".  Trata sobre un tema algo desconocido: Los pontones o cárceles flotantes fondeados en la bahía de Cádiz donde se encerraron a los prisioneros y ciudadanos franceses durante la primera década del siglo XIX.

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Las cárceles flotantes de la Bahía: los pontones de Cádiz

“(…)Al levantar un cadáver, encontraron un papel que ponía: Hoy hace quince días que no he comido nada. Por fin, ese mismo día, vimos venir por el horizonte la barca que nos traía la comida(…)”. Sebastien Boulerot, 11 de febrero de 1809, cautivo en los pontones de Cádiz.

La primera gran derrota del ejército de Napoleón, la batalla de Bailén el 19 de julio de 1808, desencadenará una serie de actos cruciales para la historia de España y de la ciudad de Cádiz, además de significar el primer varapalo en tierra firme al déspota francés que, acostumbrado a las mieles de la victoria militar, encuentra el freno a la conquista de nuestro territorio nacional, quedándose Cádiz y la Isla de León como los últimos reductos de la España libre.

El general Castaños será el encargado de recoger la espada “vencedora en cien combates” del general francés Dupont en las capitulaciones de Andújar, en cuyos términos se establecen la rendición francesa y el traslado de las tropas a Francia desde Cádiz en barcos ingleses. Pero, pese a lo escrito, los 17000 hombres que formaban parte del ejército de Dupont, tendrán una suerte muy dispar y que, aún hoy día, salvo la luz arrojada por investigadores como Lourdes Márquez, Recordando un olvido: Pontones Prisiones en la Bahía de Cádiz. 1808-1810 o Vicente Ruiz, Los pontones de Cádiz y la odisea de los soldados derrotados en la Batalla de Bailén, la historiografía parece mantener oculta: las prisiones flotantes de la Bahía de Cádiz, los pontones de Cádiz.

Los barcos de la muerte, los sepulcros flotantes, los pontones de Cádiz, herederos de las cárceles flotantes inglesas de Plymouth, llegan a nuestras aguas y serán los centros de cautividad de los ingenuos franceses, creyentes de su fugaz paso por la provincia hacia su tierra natal. Nada más lejos de la realidad.

Navíos sin mástiles, en línea, sin medios técnicos para la navegación, amarrados a muertos fondeados en la poza de los holandeses, en la entrada a la bahía gaditana, serían la última morada de miles de prisioneros de guerra, cuyo último atisbo de esperanza pasaba por su soñado regreso a Francia.

Las condiciones en los pontones fueron de una dureza atroz. El conglomerado de presos luchaba por hacerse un hueco en una prisión flotante superpoblada ya que, a los más de 17000 hombres de Dupont, habría que sumar los más de 3000 marinos de las filas de Rosilly. Además de los pontones, se repartirían entre el Castillo de San Sebastián, la prisión de San Carlos, diversos puntos de la provincia de Cádiz como San Fernando, Sanlúcar o Rota y, cómo no, el Hospital de Segunda Aguada, que bien nos lo indica en su monográfico, el investigador gaditano y amigo Fco. Javier Ramírez Muñoz.

Muchos de los recluidos vagaban enfermos y semidesnudos por cubierta bajo la mirada de algunos gaditanos que se acercaban con sus barcas para ver tan dantesco espectáculo e, incluso, las mujeres de las clases sociales más destacadas de la ciudad anunciaban a voces desde sus resguardadas barcas que la miseria de estar recluido en los pontones finalizaría pronto, cuando fueran llevados a tierra y pasados a cuchillo.


Las memorias de prisioneros franceses nos transportan a un contexto cuanto menos tenebroso. Los cadáveres, amontonados, hacían las veces de festín para cuervos y rapaces. Así pues, François Gille, relata en sus memorias cómo empezaron a tirar cuerpos de compañeros fallecidos al agua y, sorprendido, escuchó el último grito de uno de ellos al chocar con un ancla atada al navío. Debido al deterioro y estado físico de los apresados, tal era la dificultad de distinguir entre vivos y muertos.

La alimentación dependía íntegramente de los abastecimientos, tardíos y escasos, que llegaban desde la costa. Se viven auténticas escenas de desesperación, los perros y otros animales fueron los primeros en caer como parte de un menú inexistente para el raso de los cautivos franceses. La carestía de agua obligó en ocasiones a hervir las legumbres secas y arroz en agua salada y, la falta de alimentos, a hervir correas, tirantas o cordones para llevarse algo sólido a la boca.

Arrastrados por las mareas, los cuerpos aparecían en diferentes puntos de la ciudad. En los muros, punta de la vaca, roqueos y en la misma playa, aparecían decenas de cuerpos. La insalubridad de estos navíos, unidos a la falta de abastecimiento y la presencia de cadáveres en las aguas de Cádiz, hizo temer por la salud del pueblo que aún recordaba con temor la fuerte epidemia de fiebre amarilla en 1800.

Ante esta situación, las autoridades gaditanas, preocupadas por el ataque a la salubridad y ante el miedo de una nueva epidemia, dictaminan la prohibición de tirar cadáveres al agua desde los pontones, y se destinará una barca que, como Caronte, será la encargada de recoger a los cuerpos. Tal fue el miedo que, ante el repentino engorde de los peces de la bahía, se dejó de comer pescado…


Casos como el del pontón Rufina, donde se encierran a 157 franceses residentes en Cádiz por el hecho de ser francés, rescatados del anonimato por la investigadora Hilda Martín; el Castilla donde se alojaron a los oficiales y, según el boticario Sebastién Blaze, se hacían veladas musicales y no se veían las caras pálidas y sombras errantes que poblaban otros pontones como El Terrible; El Argonauta, el más cercano a la costa y cuyos presos cortaron los cables fruto de la desesperación para emprender la huida en busca de la libertad…; El Miño, el Vencedor y otros nombres asociados a una de las historias más negras de las aguas gaditanas dónde, hoy día, muchos disfrutamos de idílicos paseos y puestas de sol. Incongruencias de la vida y la historia.